Apartamentos rurales El Llugar

Apartamentos en Parres (Asturias)

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Apartamentos rurales El Llugar

Apartamentos El Molín

Capacidad

Plazas totales: 20. Plazas fijas: 16. Plazas supletorias: 4. Número de apartamentos: 4. Capacidad apartamentos: 4 apartamentos: 4-5 personas.

Descripción

Complejo de 4 apartamentos rurales, de reciente construcción, con una situación privilegiada. Situados en San Juan de Parres, un pequeño pueblo asturiano a 12 km de los Lagos de Covadonga, y a tan sólo 1 km del concejo de Cangas de Onís; que dispone de una buena oferta turística (actividades multiaventura) y monumentos tan característicos como el Puente Romano.

Apartamentos en Cangas de Onís El Llugar Spa

Bienvenidos a El LLugar SPA, apartamentos en Cangas de Onís ubicados en San Juan de Parres a tan sólo 1,5Km de Cangas de Onís, Asturias.

Los Apartamentos

El Llugar está compuesto de cuatro bonitos apartamentos rurales; situados en la pequeña aldea de San Juan de Parres, Asturias (a tan solo 1´5km de Cangas de Onis). Enclabados en el Parque Nacional de los Picos de Europa, nuestras instalaciones disponen de Spa: jacuzzi, sauna, gimnasio; piscina exterior, barbacoas, columpios, aparcamiento, guarderia de perros y otros servicios o actividades, según temporada.

El Llugar, una ventana a picos de Europa

Desde nuestros apartamentos podrá disfrutar de unas espectaculares vistas a picos de Europa y Cangas de Onís. Su situación privilegiada le permite por un lado, desplazarse a Cangas de Onís en 2 minutos y por otro lado, conectar con la naturaleza lejos de los ruidos en una pequeña aldea con mucho encanto.

El llugar ha sabido combinar la tradicional construcción asturiana con las comodidades de la vida moderna. Cuidando todos los detalles para hacer su estancia lo más agradable posible.

La Casina

La casina, en la población de San Juan de Parres, a tan sólo 1,5 km de Cangas de Onís, se encuentra esta casa de construcción típica asturiana, ambientada con una decoración muy exigente que mantiene la esencia de los hogares típicos del Principado, sin descuidar todas las comodidades de la vida moderna.

Descripción de la casina.

La casina consta de dos habitaciones dobles, vestidor, salón con chimenea, cocina y cuarto de baño, también cuenta con Parking privado, porche y jardín, para disfrutar de la naturaleza.

La casina es ideal para parejas y parejas con niños, su capacidad máxima es para 4 personas.

Servicios

Los apartamentos El Llugar dispone de los siguientes servicios para nuestros clientes,tanto para la casina como para los apartamentos:

Cocina completamente equipada


Zona Exterior


Comedor y habitaciones


Zona SPA


Más servicios


Preguntas frecuentes

  1. ¿Cual es el mínimo número de noches que puedo reservar?

    La reserva mínima es de 2 noches.

  2. ¿Cual es la capacidad de los apartamentos?

    Cada apartamento consta de dos habitaciones dobles amplias con capacidad para 4 personas que puede ampliarse hasta 6 personas por apartamento añadiendo 2 camas plegables

  3. ¿Como formalizo mi reserva?

    Para formalizar su reserva debe realizar el pago del 40 % del total de la reserva por adelantado. La reserva la puede realizar a través de nuestra web en la sección reservas.

  4. ¿Son gratis los niños?

    Los niños son gratos hasta 8 años de edad.

  5. 6. ¿En que consiste la sesión de spa gratis?

    La sesión de SPA consiste en 20 minutos de jacussi al aire libre, con una botella de cava para disfrutarla durante vuestra sesión privada.

    Se facilitarán albornoces para la sesión de SPA

Qué hacer, qué visitar

El Idolo de Peña Tú

El ídolo de Peña Tú, tatuado para siempre en una roca misteriosa que ha provocado el sentir religioso desde siempre, es un punto cardinal de la Edad de Bronce en Asturias. Es en este tiempo cuando comienza su andadura trascendente, permaneciendo como lugar sagrado a lo largo de toda la historia.

La propia roca que alberga los símbolos neolíticos, es un acertijo en sí misma. Es difícil no sospechar de una intención megalítica, quizás también de un origen divino. El planteamiento más racional nos dice que sus perfiles derivan de una continuada erosión eólica, pero en todo caso es profundamente cautivadora: un monolito incierto en una sierra plana y terrosa, actuando como un potente imán de condición milenaria.

El grabado central que se expone en esta caliza sorprendente es la imagen abstracta de un individuo: el supuesto ídolo, de más de un metro de alto y trazo geométrico. De su anatomía, al estar concienzudamente envuelto en supuestos ropajes, sólo se advierte el rostro simple construido a base de dos ojos y una nariz.

Tiene un trazo profundo y pigmentos de color, al igual que el arma, posiblemente una espada, que se encuentra al lado del ídolo. Con trazo de esquema, en el costado de la roca orientado a levante, se descubren varios hombrecitos que dan la sensación de estar caminando. Uno de ellos lleva un gran bastón en su mano derecha.

Símbolos todos que nos hablan de jerarquías, cazas y batallas; las de un hombre rudo, limitado en medios de supervivencia, que encaminaba los primeros estadios de desarrollo de la historia en el concejo.

La riqueza ancestral de Llanes tiene en Peña Tú un emblema a medida. Como se ha dicho pertenece a la Edad de Bronce y presenta una de las simbologías mejor conservadas de la época, con sus pinturas y sus grabados y, además, con una buena cantidad de túmulos funerarios en el entorno más cercano de la sierra plana de La Borbolla y sus mesetas vecinas. El reciente hallazgo de un enterramiento humano cerca de Peña Tú, en la sima de Fuentenegrosu, nos informa del uso humano de esta zona desde tiempos remotos. El esqueleto es el de una mujer que fue enterrada en este lugar con un ajuar personal: dos pulseras de bronce. Las pruebas del Carbono-14 sitúan estos restos en el marco de la Primera Edad del Hierro.

Para salvaguardar este rico patrimonio, para seguir estudiándolo en profundidad y para divulgarlo, se ha levantado un aula de interpretación de Peña Tú a los pies de la sierra que el ídolo corona. El aula se plantea como un paseo por esta edad ancestral, a través del cual iremos conociendo la vida de los antiguos pobladores de la comarca. Mediante paneles explicativos, audiovisuales, y pantallas táctiles interactivas que nos plantean el reto de jugar virtualmente en la reconstrucción de sus formas de vida, el visitante va conociendo realmente un periodo apasionante.

Tal y como pretendían los arquitectos, la parte más llamativa es la que se encuentra más alta. Iluminada como si de un altar se tratara, presenta la iconografía de Peña Tú, con reproducciones de los grabados encontrados y un audiovisual que los muestra más en detalle.

El aula invita a seguir un camino, el que lleva hasta el mismo ídolo. En la peña comprobamos también la cristianización del lugar y sus representaciones a través de la superposición de cruces realizadas por piqueteado de la roca, con formas que parecen remontarse a tiempos medievales. El nombre de «Cabeza del Gentil» para este monumento, que recogieron Vega del Sella y Hernández Pacheco, los primeros investigadores de Peña Tú a principios del siglo XX, ilustra perfectamente esa ideas persistente de hallarnos ante un lugar sagrado pero heredado del paganismo.

Desde el alto de la sierra descubrimos también la majestuosidad del paisaje. Abajo, el río Purón corta en dos la sierra. Al Norte tenemos el mar, al Sur las poderosas estribaciones de la Sierra de Cuera y el Valle Oscuro. Y frente a nosotros se suceden pueblos, colinas y bosques.

La villa marinera de Lastres

Lastres, en el concejo de Colunga, sigue albergando una de las estampas portuarias más famosas de Asturias. Los barcos pesqueros con el fondo escalonado de una bella localidad marinera, conforman una de las imágenes más representativas de la esencia marítima de la región.

Calles en su mayoría estrechas y angostas, empedradas como las de antes y siempre en pendiente, son las mil y un arterias pequeñas por las que transita la vida social de unos hogares que parecen colgar hacia el abismo y que desde siempre han tenido en el mar el reflejo exacto de su propia inclinación. Destacan las hermosas balconadas por doquier y la cercanía de las casas entre sí, que parecen haber sido construídas para arroparse mutuamente de los embites del Cantábrico. El laberinto es de paredes blancas, salitre y caprichosas simetrías. Se cuentan en Lastres más angulos y perspectivas que en ningún otra villa de las inmediaciones.

Casi desde cualquier punto se divisa el bello puerto lastrino. Actualmente, alrededor de medio centenar de embarcaciones atracan allí. Después de ser remodelado en 1995 con la construcción de un espigón de 55 metros, se sitúa a la cabeza de actividad en la franja costera oriental. Las aproximadamente 400 toneladas de pescado anuales, con 8 toneladas al mes de merluza, 6 de congrio y 5 de rape y salmonete, siguen permitiendo que a la cofradía lastrina le cuadren las cuentas y que el pueblo siga presumiendo de vivir de cara al mar, como siempre.

En en los círculos balleneros siempre ocupó Lastres un lugar destacado, también sirvió de fortín ante posibles invasiones por mar. De ahí que antaño tuviera un fuerte, conocido como «El Castillo», del cual aún se conservan parte de sus muros.

Hoy en día la tradición pesquera sigue alimentando su leyenda. Las especies marinas, una vez que son desembarcadas en puerto, salen a la venta en una popular subasta que, día tras día, se sucede en la lonja de pescado. Pescaderos venidos de todos los lugares de la región encuentran una garantía para sus ventas en la actividad marinera de una localidad con una curtida experiencia en la pesca de bajura y de altura.

Recientemente, y para dar mayor empuje a su propia realidad marinera, se aprecian atisbos de recuperación conservera con una iniciativa de carácter artesano integrada en las instalaciones del muelle y que ya saca al mercado 3.500 kilogramos de anchoas al año.

La nueva empresa se nutre exclusivamente de las capturas de barcos locales, y su proceso artesano y laborioso estará destinado a las tiendas de «delicatessen». Se da, así, un primer paso para contrarrestar la huida del capital pesquero y rescatar parte de la importancia alcanzada por las conserveras locales a principios del siglo XX. Por aquel entonces se contabilizaban en Lastres 10 empresas de este tipo, cuyos vestigios y ruinas aún se dejan ver en las inmediaciones del muelle.

En el puerto de Lastres, a pesar de las cifras menguantes de la pesca de las que se habla día sí día no, no se tiran por la borda las posibilidades que aún cabe esperar del sector. Las exigencias del turismo naútico y las nuevas perspectivas comerciales que se abren en la comarca, también colocan a esta rica villa en la actualidad marítima del oriente de Asturias.

Lastres está declarado Conjunto Histórico, lo que también le convierte en un punto de interés turístico. Es sin duda una buena estancia. A la agradecida brisa marinera y a la bella formación del núcleo urbano, cabe añadir un buen número de argumentos gastronómicos, ya que siguen teniendo presencia restaurantes especializados en todo tipo de pescado. La cocina lastrina es deudora de su puerto, de las redes, nasas y anzuelos, pero también del saber culinario de las casas, que durante siglos han tenido en el pescado el primero y más sabroso de sus platos. Un buen plato de pescado es aquí una garantía y picamos por propia convicción.

Si tiene tiempo acérquese a la Torre del Reloj, una emblemática torre que conjuga las funciones de campanario y lugar de vigía, construida en 1751, y reconstruida gracias al esfuerzo de un grupo de mujeres. También es interesante la visita a la Iglesia parroquial de Santa María de Sábada, de 1751, que entremezcla los estilos clásico y barroco, o las ermitas de San José, San Roque (donde está localizado un hermoso mirador del puerto y el litoral colungués) y el Buen Suceso. Casonas y palacios como el de la familia Victorero, del s.XVIII, el de los Robledo, de principios del s.XVIII, y el de los Vallados, del s.XVIII, es otra riqueza,de tipo cultural, con la que cuenta esta villa.

Lastres y su costa adyacente se asientan además sobre los acantilados con más historia de la región. Los terrenos terciarios del jurásico son otra alternativa posible para acercarse hasta aquí, incluyendo la playa de la Griega, con imponentes huellas de dinosaurios.

Museo El Carmen

Ribadesella depara siempre una sorpresa nueva en esto de las eras geológicas y de los rastros paleontológicos, como si la corteza terrestre hubiera concentrado todos sus tesoros remotos en este concejo y quisiera convertirlo en su museo permanente. Ahora, ya no se trata sólo del Magdaleniense, ni del Cuaternario, el Jurásico… sumamos el periodo Ordovícico y seguimos escarvando.

En el Museo del Carmen puede visitarse una exposición permanente, la colección «Ordovícico del Fabar». El descubrimiento ha sido fruto de una casualidad de los nuevos tiempos. Hace unos años, el trazado de la Autovía del Cantábrico y el perforado del túnel del Fabar, sacó a la luz un inmenso hallazgo de esta era geológica. Paradógicamente, las máquinas excavadoras actuales son réplicas funcionales de los organismos más numerosos que se han encontrado en el Fabar: los trilobites, famosos por sus excavaciones y enterramientos en el fango en busca de microorganismos. Así que la cosa va de túneles y la evolución parece clara: los humanos somos trilobites en potencia y hacemos túneles para buscar el camino más corto y poder avanzar en busca de comercio, cultura, ocio, gastronomía…

La mayor parte de las formas de vida encontradas en el túnel resultan ultraprimitivas. Ya se conocían casi todas: los citados trilobites, diploporitos, graptolitos, quitinozoóforos, moluscos rostroconchas, gasterópodos bellerofóntidos y un largo etcétera. Sin embargo, a la par que se ganaban metros bajo tierra, los estudiosos iban empleando sus instrumental en más de un centenar de puntos del subsuelo, presenciando en directo una auténtica lluvia de fósiles de todos los tamaños y formas.

Las prospecciones paleontológicas, así como el posterior escrutinio y «machacado» -de cerca de dos centenares de toneladas de roca de pizarra- permitieron constatar que hace unos 500 millones años, allá por el Paleozoico, había más bichos de los que cabría esperar. Por aquel entonces el mar invadía la tierra firme de los continentes. Una era inmemorial pasada por agua en la que los vertebrados hicieron su aparición como animales acuáticos; también aparecieron los corales y los propios trilobites. Un reinado marino que fue en cierto modo comparable al de los dinosaurios en los ecosistemas terrestres del jurásico y Cretácico.

Lo bueno es que algunos de los fósiles encontrados en el Fabar rompen más de un esquema científico, resultan problemáticos y parecen no encajar en las tipologías conocidas. Se sabe de ellos cuándo y dónde vivieron, pero se desconoce qué fueron en realidad. Entre todos los habitantes del túnel se han descubierto nada menos que 14 especies nuevas para la ciencia, destacando unas estructuras cilíndricas sorprendentes y desconocidas, con una ranura estrecha que los atraviesa. Todo un hallazgo bautizado como Tunelia riosellana para que algo quede en casa.

Como vemos, los montones y montones de pizarra extraídas del túnel escondían una gran recompensa. Sin embargo, el trabajo de clasificación no fue fácil. Tampoco lo fue el transporte al Museo Geominero de Madrid de toneladas y toneladas de roca, ni el ulterior análisis de laboratorio. La investigación ya supera los cuatro años y, por supuesto, aún no está concluida. Los misterios de la vida ordovícica en Ribadesella resultan numerosos y de un alcance aún por determinar, pero el yacimiento ya se cita como uno de los más importantes del mundo y está creando un buen número de expectativas científicas.

Los encargados de las investigaciones han destacado en un documento reciente que el túnel del Fabar permite aventurar muchas cosas del medio ambiente de aquel periodo, pues sus catas han logrado identificar una descomunal erupción volcánica, algún tsunami de la época, el petróleo más antiguo de la Península Ibérica y organismos ultramicroscópicos que sólo han llegado a ver con cerca de 20.000 aumentos.

Una muestra de este importante hallazgo se expone en las recién Escuelas del Carmen. La exposición se organiza en dos salas diferenciadas. En la primera se pasa revista a la obra del túnel, a la cartografía geológica del mismo y se describen las condiciones climáticas del planeta tierra en aquellos años inmemoriales. La segunda sala expone y explica los tipos de fósiles encontrados en el Fabar. Todos ellos guardan ese aspecto enimágtico que le concede la antigüedad. A primera vista se aprecia su lejanía y falta de parentesco con los grupos zoológicos actuales. También comprendemos a un primer golpe de vista que la diversidad de organismos ordovícicos del Fabar es más que considerable, los mismo que los cientos de rastros que dejó el comportamiento de estos bichos: caminar, reptar, excavar, reposar… Y luego están las larvas, las conchas vacías de organismos que completaron su ciclo vital, los restos de mudas cuando estaban en crecimiento, etcétera.

En el Carmen podemos descubrir también el verdadero mérito de estos antepasados tan ilustres en relación con la evolución de las especies. Los ojos de los trilobites, por ejemplo, representan el sistema visual fósil más antiguo conocido, guardando cierto parecido con el de los insectos actuales.

Los Cubos de la Memoria

Desde que se inaugurara la obra, a finales del año 2001, los Cubos de la Memoria han convocado ya una multitud de visitantes, que se van sorprendidos, nunca indiferentes, ante la carga cromática, apasionada, y el nuevo horizonte de color de la capital del Concejo de Llanes.

La figura del artista vasco Ibarrola ha generado expectación en este sentido, pero la obra alcanza renombre por méritos propios, cobra vida donde bate el mar, arropada por un coqueto puerto y toda una villa a sus espaldas.

La escollera del puerto llanisco ha cambiado su nombre por los Cubos de la Memoria, el arte ha transformado la existencia gris de los cubos de hormigón en sólidas muestras de la vida presente y pasada de la cultura popular llanisca, incluyendo su naturaleza y los signos más ancestrales de una larga vida como pueblo.

Los colores ya hacen su parte y el impacto internacional de la obra ha llegado incluso prematuramente, desde el principio. Muchos han sido ya los representantes culturales de otros estados que se han interesado por ella. Existen ya varios proyectos concretados de intercambio cultural con Llanes. Los Cubos de la Memoria alcanzan así el objetivo para el que fueron creados, ser un centro de convocatoria, un punto de atención del arte europeo contemporáneo.

Este potente mural, como conjunto polifacético, refleja unos contenidos en tres dimensiones que provocan tres posibles lecturas:


Para ver este museo al natural puede hacerse desde el mirador ubicado en el antiguo tendedero de redes, junto al Faro, así como desde otros puntos progresivamente más alejados: Puertu Chicu, Punta de Toró, Ballota…, todos ellos actualmente unidos por una senda costera.

En noviembre de 2003 concluyó la segunda fase de este enorme tapiz tridimensional, que fue realizada sobre 66 cubos de 60 toneladas cada uno, situados en el dique norte del puerto y visible desde el mar y desde un paseo habilitado en lo alto del espigón principal.

Puede apreciarse como con esta segunda tanda de pinturas el patrimonio de la memoria del arte se extiende a figuras geométricas y abstractas, desapareciendo los elementos figurativos, como si la obra pretendiera alcanzar esa dimensión de vanguardia que ella ofrece en sí misma. Representación de la representación. Las formas de la memoria, las que sintetizan los contenidos con esbozos y colores, aumenta la significación de la obra en su conjunto.

Tazones: el pueblo y el mar

Tazones guarda la esencia de la aldea asturiana, pero en este caso de una aldea peculiar, con hórreos, pero abierta al mar, con aires de villa. Los recovecos de su fisonomía se parecen a los pliegues caprichosos de una red que descansa en el puerto y que ha atrapado a sus 300 habitantes.

Por aquí y por allá encontramos líneas, pequeños caminos que se cruzan con otros en un laberinto amable.

Calles empedradas y casas bajas. También hay caminos que no llevan a ningún sitio en particular, quizás a un promontorio inmejorable para disfrutar de la vista. Nos pongamos donde nos pongamos siempre descubrimos Tazones como un pueblo distinto, colorista, casi simétrico, en caída suave al mar. La localidad entera es un espejo gigante, y le gusta mirarse desde todas las posiciones. Su reflejo en el mar es romántico, casi narcisista, un punto sin retorno en el que la realidad se bate dulcemente y se evapora.

Tazones es un pequeño espacio de color en el cosmos asturiano. Su litoral, duro pero también respetuoso, lo acoge en brazos, lo abraza, y el pueblo ha ido creciendo en este apretón marítimo. Su amistad con el mar le viene de siempre, y las pinturas de sus balcones y ventanas son tan intensas y con tanto brillo que imitan los días de sol abierto sobre su mar cercano. De hecho, cuando nos vamos acercando al pueblo ya intuimos que no vamos a un cualquier sitio, nuestro ánimo es el de exploradores en busca de algo intenso. Desde Villaviciosa tomamos una carretera local pegada a la ría. Más adelante vemos desde las alturas la playa de Rodiles, admirable en proporciones y belleza. De ahí a Tazones descendemos continuamente por una vía asfaltada, con el suspense añadido de sus decenas de curvas en penumbra. La vegetación exhuberante parece que acabará cerrándonos el paso. Pero alcanzamos el nivel del mar de repente como quien descubre por sorpresa la antesala de una gran cueva, en este caso sin túneles de piedra, abierta a un horizonte azulado y paradisiaco con playa incluida.

El olor a sidra, marisco y pescados nos alcanza en la vía principal. Existe una oferta apetitosa de chigres y restaurantes que se nutren de la pesca autóctona. Una labor que se trata con mimo y que cuenta con puerto, cofradía, cetárea e instalaciones marineras para su desempeño. Lo que no vemos es ninguna ballena porque Tazones ha dejado atrás esa etapa de puerto ballenero, el que le dio fama de villa intrépida.

La fama también le atribuye carácter regio. La realeza de Tazones le viene de herencia. Aquí se dice que desembarcó nada menos que Carlos V, dueño de un imperio inabarcable, en su primer viaje a España el 19 de septiembre de 1517. Imaginamos que su desembarco en el Tazones finito fue como pisar un planeta minúsculo pero muy bello. Llegaba para hacerse cargo de su corona y en Tazones inició el descubrimiento de su reino ibérico.

Esta es una de las muchas razones y méritos por las que el pueblo ostenta el título de Conjunto Histórico Artístico del Principado de Asturias. Ahora bien, hay gente que no cree que esto sea un dato histórico, sino algo más cercano a la leyenda, y una postura y otra resultan irreconciliables y suelen alimentar buenas discusiones. Pero sucediera o no, ha cobrado vida propia, ha dado lugar a una tradición festiva. Los vecinos conmemoran anualmente, cadal 17 de agosto o día de «San Roquín», esta fecha señalada con un desembarco simulado de Carlos V. Una escenificación que desde el principio ha atraido a miles de curiosos, así como a un buen dispositivo de prensa ante el carácter de autenticidad que suscita. Junto al personaje ilustre de Carlos V desfilan también, vestidos con trajes de época, numerosos vecinos, representando ser los miembros de su corte y sirvientes. Los detalles están tan bien cuidados que si fuera cierto que Carlos V no hubiese desembarcado aquí, entonces deberíamos no creernos casi nada de lo que sucede en este mundo y renegar de la historia oficial para dar más crédito a la ficción, que también se empeña en existir y suele comprometer a comunidades enteras en devociones ciertas y palpables. El desembarco ficticio se realiza en el marco de las fiestas más importantes de Tazones, que durante los días 15, 16 y 17 de agosto rinden tributo a San Roque. La tradición manda sacar al santo en procesión por la mar, acompañado por los pescadores del pueblo con sus barcas engalanadas. Junto a San Roque se saca también en procesión a la Virgen del Carmen.

Entre las construciones de mérito del pueblo sorprende -no tanto por su solera histórica sino por su inventiva- una casita cargada de conchas, atiborrada de motivos marineros, que ejemplifica a las claras el abrazo irrompible entre Tazones y el mar, el tesón de una familia marinera enamorada del Cantábrico y los moluscos.

En los pedreros que circundan la villa descubrimos la primera historia de Tazones, su protohistoria. Nos topamos uno de los más importantes yacimientos de huellas de dinosaurios de toda Europa, una aportación generosa a la cada vez más popular costa jurásica asturiana. En las inmediaciones del faro local encontramos multitud de icnitas tridáctilas que se cruzan en varias direcciones y constituyen varios rastros, así como una huella de arrastre de cola. Por su parte, en la playa vemos otro panel explicativo que nos indica que a unos 120 metros de aquel podemos apreciar los rastros de estos monstruos del pasado. En el acantilado del extremo oeste de Tazones, pocos metros después de rebasar el espigón del puerto, se observa un magnífico ejemplo de falla vertical de composición jurásica. Unos pocos metros más adelante vemos huellas de raíces y paleosuelos.

Acercarse a Tazones es una buena idea, y una buena forma de emplear el tiempo libre. La vista se recrea, se come bien, el mar inmediato nos relaja y hay móviles suficientes como para no quedarse sentado un tiempo excesivo, caminar y dejar nuestras huellas anónimas como un buen día dejaron Carlos V o los propios dinosaurios de otra era.

Los bufones de Llanes

La costa asturiana depara sorpresas constantemente, como los llamados bufones: un auténtico gozo para los sentidos. Se escucha el mar respirar, bramar, lo vemos saltar por encima de nuestras cabezas en una nube de gotas ínfimas, con un resoplido o bufido final que resulta estremecedor y que hace vibrar los acantilados bajo nuestros pies.

Estos saltos de agua son algo distinto a la acción típica del mar rompiendo en grandes olas contra la costa. En este caso, el agua aprovecha chimeneas bien definidas y grietas de la caliza para salir a borbotones a la superficie imitando a los géisers, formando surtidores que pueden alcanzar más de veinte metros de altura.

Este fenómeno despliega toda su fuerza cuando el Cantábrico está bravío. La combinación de la pleamar con marejada es la mejor de las opciones para ver los bufones en todo su esplendor. En estas ocasiones, sin embargo, hemos de mostrarnos nada temerarios y muy respetuosos, observando el espectáculo a una prudente distancia. El peligro es real si nos acercamos demasiado, ya que la fuerza del chorro puede arrastrar a un hombre.

Si la mar está en calma, los respiraderos se limitan a expulsar aire, pero en los días de fuerte marejada los bufones se transforman en un espectáculo que produce admiración y temor. Los hondos quejidos del Bramadoriu, como se denominan localmente, se dejan oír a kilómetros de distancia. Un estruendo natural que tradicionalmente se ha utilizado como indicador metereológico: «Cuando sientas sonar el pozo Pría, coge leña para otro día».

La imagen única de estos susrtidores sólo puede disfrutarse en zonas bien localizadas del litoral de Llanes. En estos lugares de la rasa costera se dan unas características geológicas poco corrientes. La formación de los bufones se basa en la disgregación de la roca caliza, su disolución en contacto con el agua de lluvia que penetra por pequeñas fracturas hasta el nivel del mar. La acción erosiva del oleaje favorece el agrandamiento de estas cavidades originales. Con el paso del tiempo llega a formarse una cueva en comunicación con el conducto vertical. Las olas hacen que el aire o el agua que se acumula en la cueva se compriman y salgan a gran presión al exterior.

En Llanes encontraremos varios campos de bufones, aunque sólo tres han sido declarados Monumento Natural:

El de Arenillas se sitúa en las inmediaciones del pueblo de Puertas de Vidiago, a algo menos de un kilómetro de esta aldea. El recorrido es fácil desde una senda que parte del mismo pueblo. Al borde del acantilado disfrutaremos de una de las vistas más hermosas del litoral de Llanes y de un buen número de bufones.

El de Santiuste se sitúa en la proximidad del Castro de Santiuste. El acceso se realiza desde la N-634, dejando el vehículo a unos 3 km de la localidad de Buelna, donde tomamos un camino que alcanza los acantilados 500 metros más allá. Los saltos de agua en esta zona presumen de ser los más espectaculares.

Bufones de Llames. Desde la aldea de Llames tomamos el camino asfaltado que lleva hasta la playa de Guadamía, una playa prácticamente fluvial. Desde ella se toma un sendero hacia la derecha que nos conduce a un extenso campo de bufones y a una magnífica panorámica de la costa oriental de Asturias.

La villa de Ribadesella

La villa de Ribadesella es la capital de un municipio cercado por montañas, playas y acantilados. Sin ir más lejos, en el casco urbano se condensan muchos de los atractivos del concejo (municipio de Excelencia Turística desde 1997). A parte de disfrutar del patrimonio y la cultura local, es fácil acercarse a la playa, a los acantilados, a distintos miradores y a entornos naturales protegidos sin salirse demasiado de los límites de su núcleo urbano.

Darse una vuelta por Ribadesella se convierte en un paseo muy denso y entretenido, con decenas de localizaciones de interés.

Partida en dos por el bello estuario del río Sella, las dos orillas urbanas de la localidad se comunican por un puente sobre la ría. En la zona Este se localiza el casco histórico y las calles centrales de la Gran Vía o Comercio, que confieren al trazado del pueblo un sentido amplio y ordenado y donde se encuentran buena parte de los locales comerciales y de ocio de Ribadesella. Uno de los puntos neurálgicos de esta parte de la villa se encuentra en las inmediaciones de La Plaza Nueva y la Plaza de la Iglesia, un espacio muy concurrido en verano y donde abundan las sidrerías, cafeterías y tiendas. El casco antiguo está peatonalizado y se extiende desde el coqueto parque de la Atalaya hasta su estribación más occidental en el barrio del Portiellu, uno de los núcleos poblaciones que dieron lugar a la villa misma y que marcaron su condición marinera.

La zona portuaria ha sido remodelada en la última década y combina ahora la presencia de redes y barcos de pescadores con su orientación como bulevar: paseo turístico y comercial al pie del ría. La propia desembocadura del sella ha sufrido una transformación en su uso; ha pasado de ser refugio exclusivo de embarcaciones pesqueras -como aún atestiguan los barcos y las lanchas de pesca, o la propia lonja de Pescado (La Rula)- a compartir sus aguas con los veleros de índole recreativo que atracan en los pantalanes de un nuevo puerto deportivo, levantado en la orilla contraria al muelle tradicional. El atractivo de esta zona del puerto se convierte en puro placer estético paseando por el popular Paseo de la Grúa, en el extremo oriental de la ría. Es este un recorrido muy recomendable que se trazó según las directrices arquitectónicas de la época de Carlos III y que resulta muy agradable para el paseo. Caminando por él obtenemos una buena panorámica del casco urbano principal de la villa, pero también de la orilla oeste, incluyendo hermosa Playa de Santa Marina.

En este paseo, el humorista Antonio Mingote ha dejado plasmada su mayor viñeta, en seis murales de cerámica que repasan la historia local. Los que popularmente se conocen como los Paneles de Mingote, son una auténtica obra de arte al aire libre que no debes perderte.

Recorremos el Paseo de la Grúa hasta su final y llegamos a un espacio amplio, con altos muros de contención, desde el que obtenemos una vista cercana del Mar Cantábrico. Sobre nosotros se levanta el Monte Corberu, un promontorio con vistas exclusivas. Desde la zona en la que nos encontramos podemos ascender a él fácilmente por unas escaleras. En lo alto se encuentra la Ermita de Guía, una pequeña capilla que es sede de la Virgen del mismo nombre, la patrona del gremio de los marineros desde tiempos antiguos. En el entorno de la ermita descubrimos cañones auténticos apuntando hacia el horizonte. Se trata de las armas que los antiguos riosellanos empleron para protegerse de cualquier amenaza que llegará desde el mar, llámese piratas o conquistadores extranjeros.

Desde «Guía» obtenemos un mapa exacto de la villa, con sus dos partes claramente diferenciadas, su enorme playa, el amplio estuario y las cordilleras altas que cercan el pueblo por el sur, con su cota máxima localizada en el monte Mofrechu. Hacia el norte seguimos viendo el mar. En el extremo de la playa está el Monte Somos, que junto con el Corberu, en el que nos encontramos, dan a la desembocadura y a la playa un aspecto de concha. Si miramos más hacia abajo descubrimos los pedrales. La costa a los pies del acantilado es de rocas y cantos rodados. Desde donde nos encontramos los perfiles del litoral componen siluetas únicas en permanente proceso de erosión.

Descendemos desde la capilla por una camino que discurre por el monte Corberu y que nos dejará en el casco antiguo de la Villa, concretamente en el parque de la Atalaya. Muy cerca encontramos la playa del mismo nombre, una de las dos zonas de baño más frecuentadas de Ribadesella. La Playa de la Atalaya es un pedral avanzado en su evolución y ha venido siendo tradicionalmente el «solarium» predilecto de los habitantes de esta zona, que prefieren la tranquilidad de esta cala frente al bullicio de la playa de Santa Marina, mucho más concurrida en la época estival. A derecha e izquierda, el pedral de la Atalaya se prolonga en más calas de piedra y zonas de baño privilegidas, con piscinas y pozas naturales para disfrutar del mar en estado puro.

Desde aquí, y reandando el sentido por el que llegamos al pedral, podemos adentrarnos en el casco histórico de la localidad. Se trata de un entorno restaurado y peatonal, con joyas arquitectónicas como la Casa de los Ardines, el Palacio de Prieto Cutre, actual edificio del Ayuntamiento, o la casona del Escudo, que entre otros inmuebles conceden a la zona un título merecido: «histórico artístico».

La iglesia parroquial de Santa María Magdalena, y su plaza contigua, en pleno casco antiguo, bien merece una visita por su singularidad estética y por las joyas pictóricas que guarda en su interior el propio templo. Destacan los cuatro enormes murales pintados al fresco por los hermanos Bernardo, Celestino y Antonio Uría Aza, situados en las cuatro caras que rematan el crucero y que son una clara alegoría contra todas las guerras.

El casco histórico también alberga el más antiguo «centro de compras» de Ribadesella, su mercado semanal de los miércoles, inaugurado junto a la villa misma en el siglo XIII. En él los pequeños productores de la comarca ofrecen al público las hortalizas del concejo, las frutas de temporada, «fabes», frutas de temporada, castañas, avellanas y nueces, quesos, dulces de manzana, «pantrucos» o harina de maíz, indispensable para los tortos fritos y para la consistente «borona», hecha al horno y rellena de embutidos. El mercado semanal es también un escaparate pa los puestos de ropa, utensilios diversos, antigüedades, floristerías, etc.

El conjunto Histórico Artístico presenta un trazado de corte medieval y deja entrever edificaciones con balcones en voladizo, galerías acristaladas, áticos con forma de buhardilla, fachadas con escudos nobiliarios y soportales, con edificaciones que datan de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. El resto del casco urbano en esta orilla del Sella se extiende sobre una plataforma ganada a las aguas de la ría a lo largo de los últimos siglos, y la relativa modernidad de sus cimientos le ha permitido tener un trazado de calles con una gran sensación de amplitud, acorde con las normas urbanísticas de Carlos III, bajo cuyo reinado se acometió el ensanche de la villa y puerto.

En en el ensanche contemporáneo descubrimos edificios sobrios y sólidos de planta cuadrada del siglo XIX que se combinan con otros de construcción más reciente.

Al otro lado de la ría, tras cruzar el puente, accedemos al Arenal de Santa Marina. Aquí en el año 1907 la marquesa de Argüelles puso en marcha una singular urbanización. Las lujosas residencias y los hoteles que hoy día podemos observar en esta parte de Ribadesella son una herencia de las construcciones de aristócratas e indianos como la más citada de Villa Rosario, actualmente hotel. Justo en esta orilla del Sella, al pie de la Playa, parte de la burguesía de la época encontró un entorno balneárico apropiado para los baños de sol y de mar, y un lugar perfecto donde residir en largas estancias estivales. En esta zona urbanizada se entremezclan nuevas edificaciones con las muestras constructivas modernistas de principios del siglo XX. Caminar por el paseo de la playa es un ejercicio válido en cualquier época del año.

En su vertiente oriental, la playa de Santa Marina concluye en la llamada Punta del Arenal, donde la ría del Sella toma su última curva antes de desembocar al mar. Este puntal era antiguamente un territorio mucho más vasto, zona de dunas, varadero de lanchas y solar de industrias balleneras. La posterior urbanización de la zona conocida hoy como «La punta» fue cambiando el uso de esta zona y su fisonomía.

Los atractivos de la orilla Oeste del Sella son más que la propia playa y sus joyas arquitectónicas. Muy cerca se encuentran las cuevas de Tito Bustillo y el macizo de Ardines, un entorno de asentamientos paleolíticos con numerosas muestras de arte rupestre magdaleniense que lo convierten en uno de los santuarios prehistóricos del mundo.

En la cima del propio macizo de Ardines encontramos además otro estupendo mirador de la villa. Tomando la N-632 dirección Gijón, y apenas abandonado el casco urbano ascendemos por la AS-341 en dirección a la aldea del Carmen. Tras 100 metros recorridos abandonamos esta carretera para continuar a la izquierda en dirección al área recreativa de la Moría. Esta planicie es un lugar de recreo muy frecuentado con el buen tiempo y una atalaya única para disfrutar de la vista del pueblo. La panorámica es amplia: Ribadesella y su puerto, la bahía y desembocadura del Sella, la ermita de Guía, la playa de Santa Marina… También descubrimos el extenso parque natural del Malecón, una marisma alargada que delimita al Sur el paseo de la Playa. El Malecón alberga un gran valor ecológico y es un lugar de paso para las aves migratorias. Se puede descubrir su fauna y flora paseando por el propio parque. Existe una via asfaltada y una serie de pasarelas y torretas para verlo todo muy de cerca.

Si nos decidimos por subir al Monte Somos, ascendiendo una estrecha carretera que parte justo en el límite occidental de la playa, descubrimos también una vista inmejorable de la playa y descubrimos que el pueblo aún continúa hacia el oeste en extensas urbanizaciones que se vienen construyendo desde los años 80. Justo en este extremo occidental encontramos también el paseo de la Punta el Pozu, que bordea el monte Somos en su zona baja y que pone límite a la playa. Al final del mismo nos deleitaremos con la presencia cercana del mar y los acantilados próximos en los que además encontramos, justo al final del paseo, huellas de dinosaurio en lajas verticales que se forman parte de la costa jurásica asturiana.

Aún podemos disfrutar de un paseo más si volvemos a cruzar el puente en dirección al casco urbano y tomamos hacia la derecha una vez que concluye. Desde el mismo podio del Descenso Internacional parte el paseo de Los Vencedores del Sella, que discurre junto al río hasta el barrio del Cobayu y que continúa más allá. Este paseo nos descubre al final el área natural de la Mediana. Frente a nosotros se extiende un vasto territorio llano, una joya fluvial, fértil y hermosa que ha sido declarada recientemente entorno protegido y que quizás en un futuro cercano cuente con lo necesario para garantizar un paseo a pie, uno más de los muchos que Ribadesella proporciona a sus habitantes y turistas y que la convierte en una de las villas con más perspectivas de sí misma.

Cueva de Tito Bustillo

La cueva de Tito Bustillo es uno de los grandes santuarios del arte paleolítico de Europa. Forma parte de una red de cavernas conectadas entre sí y pertenecientes a una misma formación caliza en la que se abren otras grutas habitadas temporalmente por el hombre prehistórico.

Ribadesella no fue sólo un santuario prehistórico ocasional, fruto de asentamientos de corta duración, sino que fue una de las cunas mundiales de la civilización paleolítica, con generaciones y generaciones de hombres que crecieron y se multiplicaron en torno al estuario del Sella. Una perenne continuidad de vida que se extendió durante 25.000 largos años. Así lo mantiene el equipo de investigación que actualmente explora el macizo de Ardines, y que en muy poco tiempo ha logrado catalogar el doble de los recursos prehistóricos conocidos en el entorno. Los hallazgos, verdaderas nuevas joyas para la cultura paleolítica, se suceden a poco que se muevan. Sólamente en la caverna principal de Tito Bustillo, un nuevo rastreo técnico ha recuperado para la historia occidental entre 50 y 60 nuevas figuras en su panel central.

Los hallazgos no cesan y como un torbellino van dejando pistas aquí y allá de un futuro mapa virtual para toda una civilización a escala, localizada en el la ría del Sella. Para saber más, haz click en el siguiente enlace y descubre el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo

El potencial del paleolítico en Ribadesella iguala, al menos, los tres focos más importantes del mundo. Los complejos de La Garma y El Castillo en Cantabria, y Les Eyzies en Francia.

La llamada Galería de los Caballos, en la que abundan las composiciones grabadas sobre la roca, reúne distintas figuras de dicho animal junto con las de algún gran bóvido de los tiempos glaciares (uros o bisontes) y la de un reno. Por la similitud técnica y estilística que ofrecen todas esas representaciones se las puede considerar como contemporáneas.

Por otro lado, resulta que en el panorama mundial no se conoce ninguna densidad de motivos sexuales como los que se concreta en Tito Bustillo y el Macizo de Ardines.

Las representaciones fálicas encontradas son la primera muestra de sexo masculino dentro el arte rupestre conocido. Así lo mantiene el prehistoriador Rodrigo de Balbín, el hombre encargado de dirigir las prospecciones arqueológicas en el entorno de Tito Bustillo. Cuando el equipo de investigación encontraba los esbozos de penes diseñados por el hombre paleolítico en las estalagmitas de la cueva de la Lloseta, ya advertía el catedrático de su extrema singularidad. Es más, el sujeto varón nunca buscó su réplica directa en el arte de la época; si lo hacía era de forma transfigurada y animalizada. Encontrar material sexual referente al varón, y de forma tan explícita, concede a los últimos hallazgos de Ardines una nueva dimensión a nivel mundial. «Realmente hasta le fecha no se tiene constancia ni documentación alguna de una simbología similar, puede que exista, pero nadie la ha encontrado», sostiene el catedrático de prehistoria.

Una estalagmita central sube metro y medio de alta y está pintada en su totalidad con óxido férrico, lo que le confiere un color rojo. La pintura contiene además varias capas de pigmento, creando un grosor que no es el habitual en las muestras pictóricas del paleolítico. Se trata, claramente, de un acto de reforzamiento del motivo sexual, el rojo de por sí añade a la pintura rupestre un valor vitalizante.

La caverna de la Lloseta se encuentra en la parte superior de Tito Bustillo, a la altura de la galería central de los caballos. Ambas cuevas están comunicadas a través de un orificio abierto en el entramado kárstico. La Lloseta, por otro lado, se encuentra a escasos 300 metros del también singular Camarín de las Vulvas, un espacio donde los prehistóricos significaban la fecundidad de la mujer, y una de las escasa muestras sexuales femeninas del arte rupestre conocido por los académicos.

Los últimos hallazgos permiten a los investigadores unir cabos de una manera que multiplica por mucho las teorías sobre la longevidad cultural del paleolítico riosellano. Y es que la antigüedad de las nuevas pinturas, unos 25.000 años, pasando por la constatación del camino intermedio ampliamente reconocido, 10.000 del Magdaleniense, hasta los 7.000 del Aziliense, demuestran que, al menos, el hombre de Cromañón habitó Ribadesella por un dilatadísimo periodo de 18.000 años, sin contar los que se sucedieron después y que confirmarían los 25.000 años al completo que precedieron al nacimiento de Cristo.

Actualmente urge ordenar todo el «corpus» de hallazgos para actualizar la visión de conjunto, buscar consenso en los criterios de conservación, invertir para mejorar el conocimiento de la época, impulsar la investigación y proceder a su divulgación adecuada. Las actuales infraestructuras de visita a la cueva, la carencia de instalaciones museísticas, así como el cupo limitado de visitantes por día y por año es una de las rémoras en la difusión de la prehistoria local. Esto ya ha conducido en Ribadesella a la formación de una plataforma ciudadana para la defensa del patrimonio y su potenciación cultural.

De momento, a falta de réplicas y de museo, el visitante se ha de sujetar a los horarios que figuran a continuación. Se recomienda que tramite su entrada previamente

La Cuevona de Cuevas del Agua

Habitualmente llamamos túnel a un paso subterráneo abierto de forma artificial. Cuando el túnel se encuentra en la misma carretera, lo normal es encontrarnos una cavidad perfectamente estandarizada, de forma cilíndrica, por la que se hace circular el aire a velocidad conveniente gracias a más artificios.

Esta realidad tan cotidiana en las carreteras, tiene su contrapunto en un túnel nada común y muy poco artificial que debemos atravesar con nuestro vehículo si queremos llegar al otro lado.

La Cuevona de Cuevas del Agua (no confundir con la Cuevona de Ardines, referente rupestre en las inmediaciones de Tito Bustillo), es uno de los escasos ejemplos mundiales de cavidades por las que serpentea el asfalto.

La grandiosidad de sus bóvedas, iluminadas para mayor satisfacción de conductor y acompañantes, y los cerca de 300 metros de recorrido conceden una sensación desconocida frente al volante. Es fácil deducir que esta inmensa caverna ha sido desde siempre el único acceso a la aldea de Cuevas del Agua. Un paso que anteriormente discurría por un vial habilitado por los vecinos, y que la modernidad y la urgencia de las comunicaciones, convirtió en el último tramo de una carretera local que muere poco después de atravesar la cueva.

Conserva unas excelentes formaciones calcáreas, y es un campo de experimentación privilegiado para los más pequeños, que acompañados de sus profesores pueden iniciar su primer reconocimiento de un medio a menudo poco accesible. Es fácil así identificar las diferentes zonas de la cueva, aquéllas donde se desarrolla la vida, sea en el límite con la luz, en la oscuridad total, en el medio terrestre o en el acuático. Se catalogan las algas y hongos, líquenes, musgos, helechos, condicionados siempre por la mayor o menor luminosidad. También la fauna cavernícola: los huéspedes ocasionales y los que la habitan permanentemente, con especial hincapié en los murciélagos. Los niños también efectúan mediciones de temperatura, humedad, luz…

El pueblo de Cuevas goza además de una situación privilegiada, su orografía envidiable a orillas del río Sella y al pie de la montaña, unido a su peculiar acceso, la convierten de alguna manera en una auténtica aldea pérdida, donde se conservan como en pocos lugares las señas de identidad de la vida rural. Se trata del pueblo del municipio con mayor número de hórreos. Junto con las cercanas poblaciones de Tresmonte y Xuncu ofrece numerosos elementos etnográficos y muestras de arquitectura tradicional. La teoría también se aplica en la Ruta de los molinos, senda que parte del propio pueblo y que resulta especialmente interesante porque permite asistir in situ a una demostración de cómo funcionaban estos ingenios hidráulicos de otra época.

La Cuevona es, en suma, el único paso a un paraje no inaccesible, pero si sorprendente, casi secreto, donde la tranquilidad es la misma que siglos atrás, y donde casas y hórreos conviven con el río silencioso, los hombres a caballo, las vacas y gallinas por los caminos, las hortensias y las coles.

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